EL PODER EN MÉXICO.
Carlos Jared Guerra Rojas
Je ne veux point nier qu’il n’ait
Dans le tableau d’un pouvoir Monar-
-chique quelque chose de séduisant
Mais les institutions dépendent des
Temps plus que des hommes.
Benjamin Constant
Principes politique, 1805.
Las raíces
Los antiguos mexicanos creían que para salvaguardar la continuidad del mundo debían realizar sacrificios humanos. Para que el sol continuara su camino y no se quedara en el cenit del inframundo, era necesario ofrendar lo que, según los antiguos, los dioses deseaban: sangre . Representación de la ofrenda humana . Para estar en equilibrio con el mundo natural y mantener el beneplácito de los dioses para conservar su existencia. Paradoja del poder. La acción implica sacrificio. El poder es un verbo, una acción, la política implica sacrificios tan grandes como poder mismo.
La organización política de los pueblos indígenas vario bastante. Pero la más extendida parece haber tenido su consistencia en un jefe supremo asistido por algunos altos funcionarios. Estructurado por una asamblea electoral, un consejo de varios jefes locales (caciques) y numerosos señores subordinados a estos. El sistema político tenia a un señor principal, y este era (¿o es?) el jefe supremo Hueytlatoani. El concentraba en sus manos todo el poder. Nombrado por los miembros de la familia real, que, desde largo tiempo atrás venían ocupando el trono y por una asamblea compuesta por los senadores, algunos ancianos o soldados nobles.
El Hueytlatoani tenía dos grandes auxiliares en el gobierno: Cihuacóatlt, supremo sacerdote generalmente individuo de sangre real con facultades de diversos órdenes administrativos y judiciales. Y el Tlacatecuhtli jefe del ejercito a quien debieron de corresponder gran parte de las funciones militares. La relación de los magistrados con sus superiores solo pudo ser de estrecha dependencia. Subordinación al poderoso jefe supremo
La Unión intima de Estado e Iglesia es evidente. En ella lo religiosos y lo político aparecen a veces mezclados. Pero esta unión no implicaba fusión o confusión; gracias a que existía diferenciación funcional y orgánica.
De origen divino y de manera directa, recibía un poder real y una legitimidad absoluta e incuestionable. En el gobierno del Hueytlatoani se le conferían facultades de semi-dios, le otorgan un poder patrimonial. Una vez nombrado, en una especie de lo que para nosotros es el ritual de toma de protesta; el sacerdote supremo trazaba al soberano recién elegido el cuadro de sus deberes. El monarca aparece como ministro de dios para el cumplimiento de ciertos deberes, como la rectoría civil de los hombres. Su representación en el mundo de los hombres.
Existía a lado del soberano un grupo de personas de alto rango con la función de aconsejarle en dirección del reino en el nivel regional y local del gobierno, la organización era más sencilla. Los señoríos anexos a México eran regidos por delegados del monarca-Tecuhtli-. Los barrios o parcialidades -Calpulli- de la ciudad de México tenia también gobernadores puestos por el rey y pertenecientes a la nobleza. Estaba presente la delegación del poder.
La naturaleza funcional de la jefatura política el cargo de gobernante era función dirigida al cuidado de la comunidad política. Índole patriarcal del gobierno. Las normas que para el gobierno da el Caltzontzin al cacique recién nombrado son reflejo de una concepción patriarcal.
Era de un carácter absoluto o ilimitado el poder político de los gobernantes. El soberano tenia un cometido colectivo; el cumplimiento de los mas altos fines de la comunidad.
Estas son nuestras raíces donde brota la savia del presidencialismo mexicano del siglo XX. Sobre estas raíces se erigió el virreinato. Baile de mascaras y simulación. En esta la danza de mascaras, Tonantzin, diosa madre, se convirtió en la virgen morena de Guadalupe. En la Nueva España su adoración era tal que la llamaban "patrona y madre de todos los habitantes de la Nueva España" su veneración era tan similar como a la diosa madre mexica y que en el virreinato no se le deseaba exhibir públicamente . Pero ya bien decía Maquiavelo:
los problemas que surgen durante la conquista, en parte son la consecuencia de las nuevas leyes y formas de organización que es obligado a implantar para sostener su estado y su seguridad; tengamos en cuenta que no hay cosa mas difícil de abordar, ni en la que el éxito sea mas dudoso, ni se maneje con tanto peligro, como el implante de un nuevo orden político; porque todo innovador tiene como enemigos a quienes el orden antiguo había beneficiado y como débiles defensores a quienes no han tenido todavía la experiencia del beneficio que causarán las nuevas leyes.
La implantación de las leyes indias, les confería un espacio particular a los indígenas. Un reconocimiento presente . La implantación de la religión a través del encubrimiento de los dioses o la occidentalizacion de los dioses prehispánicos significo un acto de mesura por parte de los conquistadores reconociéndole y otorgándole un estatus, subyacente al viejo orden. La conservación de ciertos aspectos del mundo indígena para obtener el éxito del nuevo orden político.
En realidad la conservación de estos aspectos fueron los que heredamos hasta el presidencialismo del siglo XX. La tradición española y política es caudillista, la del presidencialismo priísta dista mucho de serlo. Su tradición es más mexicana. Mientras que la tradición española se sustenta en el caudillismo de origen hispano-árabe, en el México moderno predomina la tradición del señor supremo - aunque sea solo por un periodo-, el jefe máximo-Tlatoani.
Sin embargo la aceptación de una tradición política mexicana de semejante índole, y su extrapolación durante el virreinato es totalmente comprensible. En el año de 1492 en el descubrimiento del otro. En ese mismo añoEspaña logra su unificación con la expulsión de la última ocupación musulmana, Andalucía, Extremadura y de otras regiones pasan a ser de control absoluto de la corona Española. El arquetipo político del caudillo es rechazado en su conciencia pero es recibido inconsciente por su eficacia política.
*-*-*
Los primero pasos.
La Revolución nos creó, y mantuvo en nosotros por un tiempo largo ,la ilusión de que los intelectuales debíamos y podíamos hacer algo por el México nuevo que comenzó a fraguarse cuando todavía no se apagaba completamente la mirada de quienes cayeron en la guerra civil[...] Lo que en aquellos tiempos se nos pedía hacer, lo que queríamos hacer y lo que hicimos o quisimos hacer [...], correspondía a toda una visión de la sociedad mexicana, nueva, justa, y en cuya realización se puso una fe encendida, sólo comparable a la fe religiosa.
Daniel Cosío Villegas.
Octavio paz decía que: La paradoja del México contemporáneo reside en la doble faz de nuestra burocracia: ha sido el instrumento del cambio social y, hoy es el obstáculo del cambio político . Sin duda una paradoja. La burocracia de la que habla es la gran familia revolucionaria, los hijos próceres de noviembre, herederos, sin duda alguna, del nuevo régimen. Los hijos del sol.
Las nuevas, y actuales formas políticas del Estado mexicano nacieron en 1929 con el surgimiento del partido de Estado. El PNR. Herencia, por una parte de la revolución de 1910, por otra del sistema que combatió la revolución. Rezan las líneas de Constant, “Yo no quiero negar que hay algo dentro del cuadro del poder monárquico que seduce. Pero las instituciones dependen más de su tiempo que de los hombres”. La tentación de crear un sistema donde el poder sea estirpe monárquica es grande. La seducción que sufren los hombres del bando vencedor por encarnizarse en el poder y de no soltarlo es aplastante. Sin embargo, los tiempos de México post-revolucionario exigían paz. Pero ¿Por qué no poseer ambas cualidades: la potestad del poder casi monárquico, con mascara de democrática y credenciales de paz? El programa revolucionario cuya esencia es más política que administrativa, quizás en contrariu sensu de la máxima porfiriana, “poca política y mucha administración” se vio reflejado en la más suprema de las creaciones revolucionarias: la Constitución. En la teoría constitucional de Lassalle, la Carta Magna es la resultante de una suma de lo que él denomina factores reales de poder. Es decir aquellos factores que tiene una injerencia en el poder público y en la vida ágoratica. De esta manera el proceso de la creación constitucional es inversamente análogo a la de la descomposición de la luz blanca en la física óptica. Al atravesar por un prisma la luz blanca se descompone en distintas frecuencias dando lugar a una gama de luces de colores, en donde, cada color surge de una particular frecuencia donde las ondas electromagnéticas tienen distinta longitud de onda. La Constitución es nuestro prisma por donde atraviesan los diversos factores reales de poder que profesan diversas “frecuencias políticas”, disgregados a diversas longitudes nace un desfile de colores que se unen para conformar la luz blanca de la vida política después de la revolución.
La luz brotante fue fruto de un pasado inmediato: el deseo por la instauración de un régimen democrático (deseo que representó nuestras ilusiones perdidas), para darle una razonable dignidad a los ciudadanos, sobre todo a los más oprimidos; campesinos y obreros (fueron nuestras convicciones olvidadas) y la modernización del país. Lúgubre fracaso del sistema político que solo puedo resolver parcialmente los puntos de las causalidades de la madre revolución. Nuestra luz, que, debió haber sido blanca se vio teñida por un singular trío de colores que no precisamente eran los de nuestro lábaro patrio.
Al muy poco tiempo de haber culminado el conflicto revolucionario, uno nuevo surgió en el seno mismo de los triunfadores. Las luchas intestinas entre grupos dentro del seno de la victoria, fueron inevitables. Súbitamente los hijos de la revolución se encontraron en un dilema del que habían aprendido en la historia. La instauración del régimen democrático conllevaba a enfrentarse a los constantes cuartelazos de las facciones (aun armadas) que solo conducirían a la destrucción del nuevo régimen, o sacrificar el deseo democrático en agurium de la estabilidad, tan extrañada y anhelada.Tal como cronos, la vertiginosa dinámica post-revolucionaria amenazaba con devorar a sus hijos. El dilema se agravo cuando, aun fresco en la memoria de los vencedores, esta disyuntiva toma proporciones similares a las del joven príncipe de Dinamarca. Ser o no ser, esta es la cuestión. Cual mas digna acción del animo: ¿sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? ¿Ser o no ser democráticos? ¿Democracia y cuartelazo o imposición y estabilidad? ¿Y por que no las dos, aunque sea solo en apariencia? Como de naturaleza quimérica y sacado de algún manuscrito de Géber lograron convertir la imposición en democracia. Sin embargo se pago un alto precio. Se sacrificó la democracia en balance con la paz. Doble paradoja de Paz.
Nuestros grandes hombres optaron por la segunda vía. Herederos de un gran botín gracias a la revolución. Procreados en tradición paternalista y tradicionalista se edifica – en aras del futuro- la cárcel del presente. Así se crea el PNR, PRM y PRI, la evolución del partido del Estado. Adjetivo al que se familizaron. Proceso de civilización del campesino en armas, del ejidatario con carrilleras, del terrateniente revolucionario, del señor cacique, al burócrata en traje sastre, al líder sindical, al señor gobernador y finalmente: al señor Presidente. Poco a poco se adueñaron del país.
Durante décadas la vida política se vio vertebrada por un engendro político trípode, justo como en el México prehispánico. El partido de Estado (a resumidas cuentas el PRI) la administración publica, o mejor dicho, la burocracia, y el presidente- el jefe máximo, supremo incuestionable y de oídos sordos-. Una monstruosidad voraz que devoró todo lo que podía representar una amenaza futura. Mediante un complejo sistema de redes de complicidad logró incorporar a los diversos sectores políticos del país, obreros, campesinos, empresarios, estudiantes. Organizados en corporaciones verticales dentro de una cadena de mando que terminaba con el Presidente y en la que los únicos beneficiados eran los líderes con cuotas de poder, senadurías, diputaciones, gobernaturas, empleos en la amplia burocracia. Estos eran los engranajes del sistema político, mientras que los principios fundamentales plasmados en la Constitución, democracia, igualdad, equidad, fueron ignorados y marginados. Suplantadosyrestituidos por la fidelidad al partido, disciplina al poder, cooptación subordinada. Lo que debió ser, se convirtió en lo que necesitaba ser. La legislación se convirtió en una lista de buenos deseos y de buenas intenciones nunca realizadas porque la realidad del país así lo ameritaba.
La identificación con el Tlatoani me parece evidente. Más clara aún con el virrey. Mientras que el dirigente era el responsable de un periodo en la era cósmica -singular responsabilidad- el Presidente era el único conocedor del camino al destino nacional. Todos los demás poderes debían seguirlo.
Con esta estructura se erige el presidencialismo mexicano, que cual como un Hueytlatoani, el presidente estaba facultado de un gran poder, a veces legislado, a veces no
Estas facultades eran: la dirigencia real del partido de Estado, la elección de su sucesor, la elección de los gobernadores de los Estados de la federación, la capacidad para remover a los gobernadores –que, en su mayoría, eligió el- , la elección de los legisladores -palomeo legislativo-, y sobre todo el arbitraje político de todo asunto en el país.
El presidente tenía las atribuciones que le hacían el eje rector del país. El partido que, por un lado, monopolizaba toda movilidad política en la nación, al ser el único camino de acceso a la administración pública o burocracia. Que por largo tiempo fue el único acceso a la vida política institucional. Las razones que hacen tan poderoso al presidente ya no son su naturaleza divina, pero si ser el dirigente del Estado, de la clase política y del partido oficial; mediador de toda fuerza política es la iconografía de un prisma personalizado donde convergen los factores reales de poder. (Al ser el máximo mandatario del ejército, líder conciliador de la burguesía, director del concierto bancario, es el líder real en turno del partido único, suerte de monarca de la clase política, líder moral de la burocracia y de la cultura de la administración pública).
En la vida de la nueva España, el centralismo era presente debido a las monumentales distancias entre España y sus nuevos territorios. Estructura que surgió como un mecanismo sofisticado de control. La necesidad de estar alerta frente a la posibilidad del crecimiento de una aristocracia terrateniente impulso el nacimiento de la “encomienda”. Institución que sintetiza el encuentro de dos momentos que, en apariencias, son contrarias, en la historia europea: la edad media y el renacimiento. De estirpe seudo feudal y con brillantez renacentista, la encomienda conjugaba la gracia del Rey, porque el otorgaba la encomienda; creando una serie de correas de transmisión de poder clientelares dignas de cualquier Médici. Arquetipo político que se heredó en la revolución mediante el reparto agrario.
Como presidente de la Real Audiencia, el Virrey dirigía la política general de la nación y administraba justicia. Conformada, principalmente por el presidente, cuatro oidores, cuatro alcaldes del crimen, dos fiscales y funcionarios menores, en donde el Virrey gozaba de una posición decorativa y honorífica, donde en las letras no escritas murmuraban la voluntad del Virrey en sus resoluciones. El papel de la real audiencia, es, aunque quizás con sus muy marcadas diferencias analógicamente paralelo al rol del congreso durante el presidencialismo post-revolucionario. Al igual que el Virrey, el Presidente no podía gobernar sin su cooperación. Lo que tendría que ser un freno al poder arbitrario de un solo hombre no hacia más que reforzarlo y acentuarlo. El presidente, encargado de señalar los meritos y errores legislativos de todos y cada uno de los integrantes del congreso, que a un solo momento también eran sus correligionarios de partido. Capaz de castigar o premiar la labor del cada congresista conforme a su labor y respecto a sus actitudes como complementación del poder , en vez de contrapeso como producto de la división de poderes, tenia en a su alcance el poder finalizar carreras políticas como también incentivarlas. Mientras que el virrey por ser representante del Rey español también poseía algo de Gracia Real.
Bajo la tradición patrimonialista, los hombres del nuevo sol sentían -y lo creían fervientemente- que el país era de su pertenencia. Donde el máximo soberano, es el Presidente –Tlatoani- . El Presidente tenía a su cargo la tutela del país y sus habitantes. De esta forma, siendo el partido la única forma de acceder al poder y a la burocracia, y el Presidente el jefe máximo de ambas. Bajo el juicio del presidente se tenía acceso, con base a su criterio de meritos; a la vida política. Se establecían así vínculos de complicidad y clientelismo -justo como el en el virreinato- entre el jefe supremo, y su estructura allegada y los aspirantes o las nuevas generaciones de los hombres de la política. El presidente elegía a los gobernadores y les delegaba poder -Tecuhtli-. La sucesión del presidente era un pacto político cocinado (cocinar es una metáfora, puesto que muchas, sino es que la mayoría de ellas, se decidía al puro arbitrio del Presidente) desde las mas altas cúpulas del partido .
A diferencia del arquetipo hispano-árabe, el Tlatoani es impersonal, mientras que el caudillo es personalista, épico y excepcional. El Señor Presidente es solo una investidura institucional, sacralizada y representada en una silla en la que todos quisieran sentarse. El Presidente, dueño y Señor Incuestionable, pero por solo un periodo, es revestido por la investidura, fuera ella, es un hombre más. Lo que pesa en el es la banda presindecial.
Durante estas páginas se ha tratado de dilucidar la línea trazada por un puente de enlace entre Tlatoanis-Virreyes-Presidentes. Bajo esta tesis, la implementación de un régimen autoritario y poco democrático responde -aunque no cabalmente- a uno de los ejes que le dio vida, la modernización del sistema político mexicano. Si tomamos como paradigma de la modernidad, la síntesis de un proceso cuasi dialéctico-histórico entre la razón y ciencia -como tesis-, y la historia -como antítesis-, vemos que la resultante es un monstruo híbrido de tradiciones y modelos de dominación.
En ocasiones la historia se equivoca como también se equivoca la evolución. Nuestra mente y nuestra tradición también son dialécticas. Nacimos de una dialéctica de doble progenitor, la nación española, y el imperio azteca, nuestro padre que nos dio la lengua, nos olvida y parte del hogar, dejándonos al despojo como bastardos. Nuestra madre nos dio la tierra en la que vivimos, la idiosincrasia, la tradición y el fervor. Sabiéndonos solos desde un principio temprano, a dar nuestros primeros pasos independientes rogamos por un príncipe europeo que llevara las riendas de nuestra joven nación. No sabíamos como dirigirnos y suplicábamos el regreso de quien nos abandonó. El fugaz imperio de Iturbide demostró y evidenció que muy dentro de nosotros habita una profunda tradición de respeto a la autoridad. A nuestras mentes les seduce la idea de un poder autoritario y dictatorial porque en el Señor Presidente, Virrey, Tlatoani, y Huetlatoani, vive la visión, en distintas épocas, del Señor Padre de Familia. Imágenes en donde convergen elementos precolombinos, coloniales, y modernos. Sintetizan nuestro ser en una imagen politica. En nuestro hogar, que es el lugar donde habita la presencia en sus mejores términos, los que están presentes, los que son pasado y lo que están por venir, es la piedra angular de nuestros antepasados que vivieron en nuestra casa, los que la habitan ahora, y los que la habitarán. En nuestra adolescencia, buscamos negar nuestra tradición para lograr un frió racionalismo a imagen y semejanza del positivismo europeo. Durante la época de la reforma, al negar lo que nos es evidente, que México es una nación sumamente religiosa, nos negamos a nosotros mismos, nos damos la espalda y nuestro porvenir se nos torna oscuro y envuelto en una niebla de incertidumbre que sucumbió inevitablemente a los fervores de nuestra psique, al obviar nuestra tradición y el lagado histórico nos condujo al autoritarismo progresista que engendro la revolución. Al negar la tradición católica no quiero decir que la creación del Estado laico fue un error, sino que, por el contrario fue un acierto. Pero al transplantar la religión católica y restituirla por la religión del progreso, en una sociedad acuñada al fervor del misticismo, sí lo fue.
La dialéctica de la revolución logro el establecimiento de un régimen fríamente calculado. Equilibrado entre pesos y contrapesos políticos, consiguió darle estabilidad y una suerte de paz institucional al país, (claro que erigida sobre las sobras de conflictos silenciados). Pero nuestros tiempos han cambiado, las amenazas de facciones armadas se han evaporado, la inestabilidad ya no es una constate, mientras que la paz sí lo es. Es hora de dejar las ilusiones perdidas y construir las convicciones olvidadas.
“PATRIA: sé fiel a tu espejo diario”
Ramón López Velarde
BIBLIOGRAFIA
Bracho Carpizo, J. De dioses o de hombres, México, Razón cínica, junio 2005
Camacho, Solís, M. Los nudos históricos del sistema político mexicano, México, El Colegio de México, 1977,
Carpizo J. El presidencialismo mexicano, México, Siglo XXI, 1978
Croce Benedetto, Historia como hazaña de la libertad, México, FCE, 1960
Flores Cano, E. Alegorías de la patria en el virreinato, diario la jornada, suplemento dominical 17 junio 2004
Freud S. Die Verneinung (Negación) [Denegación en la traducción literal] en Obras completas, España, edición López ballesteros, 1954, tomo III,
Lassalle, F. ¿Qué es una constitución? Siglo XX, Buenos Aires, 1980
León-Portilla, M. Toltecayótl, Aspectos de la Cultura Náhuatl, México, FCE, 2003.
Lujambio A. Federalismo y Congreso en el cambio político de México, México, UNAM 1995,
Maquiavelo, N. El Príncipe, México, Tomo, 2002 pp.
March Bloch, Les rois thamaturges: étude sur le caractere surnaturale attribué a la puissance royale particuliuerement en France et en Anglaterre, París, Colin (1924) 1961
Matos Moctezuma E. Reflexiones en el tiempo, una mirada al arte prehispánico, México, UNAM, 1993
Miranda J. Las ideas y las instituciones políticas de México Instituciones prehispánicas y coloniales, México, UNAM, Instituto de Derecho comparado, 1952
Nicolas Revoy, Isabelle Bourdial, Porqui dieu ne disparaîtra jamais, en Science & Vie, París, agosto 2005
Paz. O. El peregrino en su patria, México, FCE 1980.
______. El Laberinto de la soledad, México, FCE, 1959.
Rodríguez Araujo O. El PRI ya no es lo que era, México, diario la jornada, 3 de octubre 2005
Rossi A. Genesis del Fascismo e Interpretaciones del fascismo, en la Cátedra Extraordinaria de Maestros del Exilio Español, 28 de noviembre 2005 FLyL, México, UNAM,
Sartori G. La Transición en México, ¿hacia donde? En Ingeniería constitucional comparada, México, FCE, 2004
Shakespeare W. Hamlet, Mexico, Porrua, 1968
Straus-Levi, Antropología Estructural, capitulo X la eficacia simbólica, México, FCE 2002.
Traducción de Garibay K. A. Épica Náhuatl, México, UNAM, 1994
Weber. A. Historia de la Cultura, México, FCE, 2002.
León-Portilla, M. Toltecayótl, Aspectos de la Cultura Náhuatl, FCE, 2003, pp.75
Poemas Solares, en Épica Náhuatl, UNAM, 1994, pp.6
Miranda J. Las ideas y las instituciones políticas de México Instituciones prehispánicas y coloniales, UNAM, Instituto de Derecho comparado, 1952
Existe un paralelismo conceptual con la monarquía medieval Europea, no es ocasión de hablar de ello, pero me parece importante mencionarlo, ver March Bloch, Les roisthamaturges: étude sur le caractere surnaturale attribué a la puissance royale particuliuerement en France et en Anglaterre, París, Colin (1924) 1961, versión en español Los reyes taumaturgos, FCE, México (1988)1993.
Flores Cano, E. Alegorías de la patria en el virreinato, diario la jornada, suplemento dominical 17 junio 2004 también disponible en Imágenes de la patria a través de los siglos, Taurus, México 2004
Matos Moctezuma E. Reflexiones en el tiempo, una mirada al arte prehispánico, UNAM, 1993 pp. 19
Maquiavelo, N. El Príncipe, Tomo, México, 2002 pp. 52, 53
Paz, O. Mascaras Mexicanas en El laberinto de la soledad México, FCE, 1959 pp. 53
Bracho, J, De dioses o de hombres, Razón cínica, junio 2005
Paz. O. El peregrino en su patria, FCE 1980. Tomo II
Según Jorge Carpizo, Gozaba de facultades tanto constitucionales, como meta constitucionales, reglas no escritas pero vigentes, ver Carpizo J. El presidencialismo mexicano. Siglo XXI, México 1978 cap. III-VIII.
Sartori G. La Transición en México, ¿hacia donde? En Ingeniería constitucional comparada, FCE, México 2004
Camacho, Solís, M. Los nudos históricos del sistema político mexicano, México, El Colegio de México, 1977, pp 187.
Lassalle, F., ¿Qué es una constitución? Siglo XX, Buenos Aires, 1980 Pp. 48. pido licencia literaria en la alegoría comparativa con los diversos factores reales de poder expuestos por Lasssalle
Tan solo de esta idea puede desprenderse otro ensayo, pero no es ocasión de ahondar en esto que sin dudas despertará polémicas.
Esta ultima función no era atribución natural del Virrey, sin embargo, su lugar como representante del rey en el territorio novo hispano le confería el poder interferir, de nuevo las atribuciones meta-legisladas se hacen presentes puesto que las situaciones lo ameritaban
cosa que sucedía muy a menudo y que es evidencia del fenómeno que Lassalle denomina “hoja de papel”
A reserva de un lector cuidadoso y atento, aquí el arquetipo ya no es el Hueytlatoani, que recibe su poder de origen divino, sino el Tlatoani, que no tiene naturaleza divina.
Rodríguez Araujo O. El PRI ya no es lo que era, diario la jornada, 3 de octubre 2005
|