Sobre perros y cachorros: una mirada hacia la política educativa estatal en el Perú

” y el perro se miró al espejo y no quiso apreciar que
era el más obediente de los cachorros”.


La educación siempre ha tenido la peculiaridad en todas las sociedades desde su verticalización, a ser dirigida en forma desigual dependiendo de la función “a cumplir” por cada grupo social; así no será de la misma calidad, forma e intención aquella recibida por quienes debieran ser los futuros trabajadores, frente a quienes deben ser los futuros dirigentes y miembros de la burocracia estatal; todo esto apoyado y legitimado en base al consenso condicionado acorde con cada contexto.

El estado posteriormente desde su “modernización” y tal cual sucede en la actualidad, no se preocupa por brindar una educación de calidad y formadora de educandos críticos, sino más bien se hunde en un pragmatismo donde brindan sólo lo necesario para preparar a los futuros ciudadanos a “enfrentarse” y adecuarse a la sociedad para que vivan cordialmente frente al espejismo democrático cotidiano, mientras los elegibles para los principales puestos y cargos son seleccionados entre aquellos que cursan sus estudios en entidades privadas, aquellas costosas y alejadas de familias de un trabajador común y corriente, con un sueldo también común y corriente.

Así la brecha educativa queda consolidada frente a quienes pueden pagar o no por una educación, consolidándose la formula por la cual el tener pocos recursos económicos implica de por sí tener una paupérrima formación cualitativamente inferior de quien puede pagar por ella, consolidándose aún más una “colonización” hacia dentro y quedando en las mismas manos de siempre las directrices sociales, siendo para el excluido de ayer, la misma realidad que se hace siempre presente.

En el Perú esto sucede desde la colonia y al parecer seguirá sucediendo debido a que el estado peruano desde su “independencia” nunca alteró la estructura del coloniaje reproduciendo más bien su desigualdad, no orientando la educación hacia los problemas concretos y de inclusión en el país, tal es así que actualmente se quiere hacer evidente que el problema educativo parte de la forma misma de brindar la educación, es decir el problema es considerado como algo propio de la educación misma, estando la solución en la corrección de especificidades como malos profesores, mala distribución de las horas de estudio, y hasta por la corrección del ingreso en los institutos pedagógicos.

EL problema educativo no parte de la educación misma, parte de la estructura económica que se ve reflejada en ella y le da soporte, así mientras ésta no sea alterada, la brecha educativa seguirá sin solución; sin embargo la imagen que actualmente se ofrece de la problemática es reducida microfisicamente, siendo así que la culpa está en los encargados de brindarla, los cuales no están en su mayoría a la altura de poder hacerlo, así el estado y su política estatal se sacude de toda culpabilidad e intenta solucionar el problema de la educación en el Perú llevando a cabo simples exámenes a los docentes y aumentando horas en el dictado como sucede en los colegios o aumentando la nota del ingreso para los estudiantes de los pedagógicos.

Falacia tras falacia se aprecia en el intento de ocultar al verdadero agente nocivo del problema, siendo la piedra angular de la traba educativa el estado mismo y su carencia de preocupación en democratizar y universalizar su acceso y calidad, mostrando poca voluntad de elaboración de una currícula que busque insertar críticamente al alumnado, buscando alguna posibilidad de cambio.

Es cierto que muchos docentes están poco preparados y des-actualizados, en algunos casos se han conformado con lo que puedan saber, pero en la mayoría de veces esto se debe a la poca posibilidad de asistir a seminarios, charlas y especializaciones, no sólo porque el estado no presta interés alguno, sino porque muchos docentes asisten a múltiples trabajos como forma de poder completar un salario en algo decente para poder cubrir sus necesidades básicas, cosa que a la vez se convierte en un traba para un mayor desarrollo, sumándose a esto la poca calidad y profundidad buscada por la currícula educativa.

A esto se suma también la economización de la sociedad, donde la educación no escapa a la saturación del capital, y en donde dicha saturación es soportada gracias a una cultura única y de consumo, donde lo colectivo se hace uno y prima así lo estrictamente individual, lográndose un narcisismo puro a todo nivel, considerándose ahora el fin último del proceso educativo la simple consecución de algún trabajo, en donde el “adoctrinamiento” conlleve a saber apreciar el vaso siempre lleno, y a no culpar a la sociedad como causante de las problemáticas, sino más bien a la falta de preparación individual y de ingenio personal, por eso el auge de la cultura del yo puedo, del sí se puede, y demás lecturas de charlas lácteas de Cornejos, Chopras, de quesos y demás afines.

Es en este contexto donde el presidente Alan García el 28 de octubre redacta un artículo en el diario El comercio, titulado: El síndrome del perro del hortelano, donde deja en evidencia y sin lugar a dudas su postura derechista, afirmando que los pobres se quejan de ser pobres pero sin embargo no permiten que el estado obtenga recursos; no permitiendo el libre asentamiento, participación e inversión del capital extranjero, así es de muy perro del hortelano oponerse a las mineras, el negarse a lotizar sus terrenos hasta en la misma amazonía, y el rechazar la inversión sinónimo de mayor tecnología para explotar recursos que de por sí mismos no podríamos aprovechar, es decir si los pobres se quejan de su pobreza es porque no permiten que haya dinero, y si no hay dinero por su culpa, no debieran quejarse y mucho menos estar pidiendo donde no hay.

Decir que sólo vender al Perú al mejor postor y colgar un letrero luminoso y centellante de se vende, sea la alternativa ideal para sacar adelante el país, es ponerse de rodillas ante un sistema que sólo seguirá beneficiando a unos pocos; que muchas veces hay necesidad de inversiones y de comercializar, cierto, pero con equidad y brindando mejores condiciones para los trabajadores, cosa que en realidad no sucede, siendo lo palpable una mayor explotación, agotamiento de recursos no renovables ( el Perú paga por el petróleo el precio internacional, aún siendo sacado de su propio suelo; los trabajadores mineros mueren día a día por las condiciones de vida que se les brinda mientras las mineras sacan el dinero literalmente en camionadas) y una mayor pauperización del trabajador.

Casi un mes después, el 25 de noviembre en el mismo diario, el presidente parece ser que necesitaba demostrar su (in) capacidad de búsqueda de consenso y nos ofreció más de su producción “intelectual”, ahora con otro artículo titulado: Receta para acabar con la cultura del perro del hortelano, en el cual si antes ya estaba de rodillas hoy se muestra como un perro faldero del país del norte; se encarga ahora se querer demostrar con una efusividad febril que la inversión privada es la única salida viable para mejorar la condición del país a todo nivel.


Afirma que no se deben poner trabas al capital extranjero, ni evitar que no tengan inmensas ganancias, pues de ser así ¿quién querrá venir? hay que darles todas las facilidades posibles para que inviertan a gusto y den trabajo que eso es lo que más se necesita; ¿quieren trabajo? ¡pues que vengan las trasnacionales que darán mucho!.

Como dijo un periodista, si Alan García pudiera poner al Perú en remate en amazon.com ya hace tiempo lo hubiera hecho para su propio gusto, y es muy lamentable que dentro de las posibilidades para que un país mejore, no se tengan presentes siquiera-ya brillan por su ausencia- referencias al papel importante que juega la educación en este proceso, una educación que bien orientada posibilita la mejora cualitativa de un país, y que dialécticamente creará un pueblo culto, conciente y crítico, que a la vez pugnará por un mejor país, sin embargo y será que tal vez importa la medición cuantitativa para justificar el tan mentado crecimiento económico (tan diferente del desarrollo económico) que vale sólo contar quienes están trabajando, sin importar la forma y el fondo.

Es así como el estado mira por sobre el hombro al peruano común y corriente, ese peruano del campo, ese peruano pobre de la ciudad, apreciado ahora como simple mano de obra y fuerza de trabajo para una “gran empresa” , no importando su educación, sólo valiendo que fuese ya “educado” para servir como simple productor de servicios, (obviamente los productores de conocimiento son educados para ese fin, pagan para eso) casi confirmando lo peyorativo que es la imagen que el estado se forma de un peruano de a pie: no me importa sonso, me importa con trabajo debe murmurar el presidente, mientras se mira al espejo y se cree vivo y pendenciero, denominando perros a otros, mientras no se da cuenta que es el más obediente y lacayo de los cachorros de las directrices imperiales; ¿será necesario que ladre de una vez por todas para recién caer en cuenta?; El problema educativo está en la mesa, y el juego para su triunfo dependerá no de arriba, sino desde abajo, como siempre fue y como siempre deberá de ser..............

Lima, 31 de diciembre de 2007.

 

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Mariategui.

Emil Beraún, estudiante de Historia por la Universidad Nacional de San Marcos.

Perú, 31 de diciembre de 2007.