¿De qué democracia nos hablan los defensores de las ‘instituciones’?

"En tiempos oscuros, seamos lo suficientemente sanos como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar cada día (...) En tiempos oscuros seamos lo suficientemente valientes como para tener el coraje de estar solos y lo suficientemente valientes como para arriesgarnos a estar juntos"... Eduardo Galeano, En tiempos oscuros


Según el artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el criterio que orienta la educación que imparte el propio Estado es “democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.”

(Nota coyuntural frente al ulterior gobierno de Felipe Calderón: cuando el 16 de noviembre de 2005 en la serie de Televisa Diálogos por México publicaron los posicionamientos de campaña del ahora declarado presidente electo, se puede leer en el capítulo 4 “El Reto de la Educación” a la pregunta (número 4) específica de “¿Considera usted el establecimiento y/o la actualización de cuotas –obligatorias o voluntarias- en la educación superior?” la respuesta de quien no ha desmentido un famoso correo electrónico de un ‘equipo de transición panista’ que pide el desmembramiento de la UNAM, fue:

Los estudiantes universitarios deben ser corresponsables en el financiamiento de la educación que reciben (…) Sin embargo, es fundamental que el Estado mexicano (los tres órdenes de gobierno), garantice que ningún estudiante que cumpla con los requisitos establecidos por la institución educativa pública en donde estudie o desee estudiar, abandone los estudios superiores o no los inicie por razones económicas. Para ello deben fortalecerse programas de becas y becas crédito.

Siendo que el citado artículo 3º constitucional en su fracción IV indica “Toda la educación que el Estado imparta será gratuita”. Al respecto, según la Ley Orgánica de la UNAM (decretada por el mismo Congreso de la Unión) en su artículo primero, la propia “Universidad Nacional Autónoma de México es una corporación pública -organismo descentralizado del Estado”.)

Considerar a la democracia ‘no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo’, como legado de la Revolución Mexicana, es la forma más justa y, sobretodo, real de afrontar los problemas históricos que ahora más que nunca debiera resolver la Nación. No en balde “la democracia se mide por la participación del pueblo en el ingreso, la cultura y el poder, y todo lo demás es folklore democrático o retórica.” (Pablo González Casanova, La democracia en México, Era, D. F., 1975, p.224).

Es retórica pensar a la ‘democracia’ simplemente como forma de gobierno, porque implica fundamentalmente una forma de convivencia (deliberativa e incluyente), que no se reduce a delegar en un día de elecciones el voto a los representantes políticos para que ‘solucionen’ (traicionen) las demandas sociales; sino que posibilita la transformación del conflicto público gracias a la concurrencia de voluntades colectivas.

Es folklore argüir una fútil “defensa de las instituciones”, porque éstas NUNCA deben ir contra la voluntad del pueblo (de quien emana toda soberanía, fuente primigenia del poder en general). Más aún si se pasa por alto que las instituciones son las ‘reglas del juego’: el Instituto Federal Electoral o el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no son instituciones por sí mismas, sino una forma de organización del proceso de gobierno. Las verdaderas instituciones son los valores, principios, normas y restricciones que los actores acuerdan respetar (de facto o racionalmente). No en balde Slavoj Žižek mencionó en algún número del Viejo Topo: la democracia es aquel sistema en el cual, pase lo que pase, los actores deben acatar el resultado. ¿Será acaso esta democracia institucionalista la forma más velada y perfecta de someter a la voluntad popular?

Una concepción tan corta de miras sobre la democracia difícilmente comprendería, y aún menos podría actuar ilustrada y progresistamente, frente al análisis que se ha hecho en torno a nuestra situación particular: “No habrá otra revolución en México sino cuando la estructura social sea incapaz de resolver los problemas urgentes del desarrollo de la nación y cuando se hayan agotado las posibilidades de una lucha cívica.” (Ibíd., p.196).

En la Nación mexicana la ‘solución’ neoliberal a los problemas urgentes del desarrollo ha fallado estrepitosamente desde hace ya varios años. ¿Estarán a punto de agotarse también las posibilidades de una lucha cívica en esta democracia formal, permeada por un autoritarismo (explotación económica, caciquismo político, miseria intelectual) en lo real?

Ahora con el fallo del Tribunal Electoral te pregunto dos cuestiones: ¿Recuerdas cuando en tiempos del desafuero a todos aquellos columnistas y líderes de opinión que rabiosamente defendían un tal ‘estado de derecho’? Y si la razón de ser de este Tribunal de barandilla supuestamente es brindar “certeza y transparencia” al resultado electoral, ¿realmente sirven estas organizaciones que defienden fanáticamente a fin de “proteger las instituciones”?

En México las ‘instituciones’ no ayudan al pueblo, sirven para reprimirlo y acrecentar su control.

 

@lfa y Omeg@

 

libertadexpresa@gmail.com
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@lfa y Omeg@

Estudiante de Ciencia Política, de la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Miércoles 6 de septiembre de 2006