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La primera vez que vi Harry Potter y la Orden del Fénix no me gustó..Varias fueron las razones: la situación incómoda en la que me encontré cuando fui a verla, la ilusión rota de entrar a una sala IMAX, entre otras. Sin embargo, había olvidado que algo en su contenido me había conmovido sobremanera (y no había sido la muerte de Sirius Black): la unión de los estudiantes de Hogwarts, liderados por Harry Potter, para combatir las fuerzas de Voldemort.
Muchos no recuerdan que existió algo llamado Proyecto Identidad y Acción Comunicativa (PIAC); otros, ni siquiera saben que existió. Este surgió con el firme ideal de combatir las fuerzas oscuras que, de forma intencionada o no, lastiman la carrera de ciencias de la comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Nuestro principal objetivo era que la manera en que se estudia esta ciencia lograra purificarse, dentro de la Facultad, para que lograra legitimarse, entre los incrédulos, como la ciencia social que es.
Al igual que El Ejército de Dumbledore, estudiantes de varios semestres y especialidades nos reuníamos para ensayar y poner a prueba todo lo que habíamos aprendido a lo largo de nuestros estudios. Bajo el liderazgo de Alín Aké Kob -sin el cual no se hubiera logrado nada, debido a que, como Harry, tuvo el valor suficiente para enfrentarse a las adversidades- todos aportábamos ideas, métodos, teorías, con el fin de consolidar uno de los fines de la comunicación política: crear las condiciones necesarias para que el poder en una democracia se genere del pueblo hacia los gobernantes. Jessica, Miguel, Paulina, Cintya, David, Mariana, Luis, Manuel, Lourdes, Ángel, Mónica, Paola, Mireya, Sandra, Rafael entre otras personas, fueron quienes por poco o mucho tiempo hicieron que este proyecto fuera posible.
La más curiosa semejanza es que, al igual que sucedió con Cho Chang, una persona dentro del proyecto habló sobre nuestras intenciones. A partir de eso la tormenta se desató. Entendimos que habíamos cometido muchos errores; entre ellos, descartar a aquellos de los que desconfíamos en un principio, por el temor ingenuo de que nuestro principal objetivo no pudiera cumplirse. Fue a partir de ese momento que las cosas empezaron a complicarse, como lo fue para El Ejército de Dumbledore: la mayor parte de la estrategia fue evidente y los enemigos se dieron cuenta de que, sin lugar a dudas, la candidata a vencer era Alín.
El momento de la verdad llegó. Si bien para Harry la campaña mediática en su contra se dio desde antes que regresara al colegio, para nosotros la campaña del miedo se dio poco antes de que fueran las elecciones. Ya no hubo, entonces, la oportunidad de elaborar encantamientos efectivos, ni era un hecho que existiría un final en parte benéfico para el proyecto. Pero a diferencia de Potter, Alín se mantuvo firme y fuerte como para afrontar ese momento de crisis: carteles, copias, cartulinas, en los que se desmentía lo difundido en la campaña, fueron colocados de emergencia en lugares estratégicos de la Facultad.
Crespo, Cebreros, Aké: el conteo decisivio. Nosotros, sin experiencia, nos abatimos cuando el apellido de Rodrigo dominó en la primera lectura de boletas. Cuál fue nuestra sorpresa al darnos cuenta que la tendencia dio un viro y Alín dominó, de manerja tajante, en esa urna y en todas las demás. Al final la victoria se dio con una diferencia porcentual mediana, pero suficiente para corroborar que la mayoría de los votantes se sentían seguros y confiados con el proyecto, un proyecto de estudiantes para estudiantes, un micro movimiento social que, pese a las truculentas mañas de la política, tuvo éxito.
Si bien para El Ejército de Dumbledore fue rico en experiencias el haber practicado su magia, pues lucharon en contra de los mismos mortífagos, para quienes participamos en este proyecto, la gratificación fue solamente moral. Alguna vez leí en un Hi5 que las pequeñas reformas no son reformas. Nosotros sabíamos que la única manera de consolidar las grandes reformas en la carrera -y que a fin de cuentas ejercerían influencia en las mismas ciencias de la comunicación-, era ir paso a paso, solucionando aquellos pequeños problemas que, si no son atendidos a tiempo, hacen que los vicios vuelvan a permear en las democracias.
Alfonso Flores, estudiante FCPyS.
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