Y en la lejanía estimados todos,
Aunque por razones obvias he dejado de compartir el espacio que caracterizaba a este grupo de discusión, no desaprovecho la ocasión para compartirles mi particular punto de vista:
Considero que lo que siempre nos ha caracterizado como grupo es asumir de forma responsable y critica la construcción de espacios democráticos. Compartimos la idea de que la democracia no es un sistema estanco, sino que es un sistema vinculante en continua construcción por la tensión de intereses divergentes que dinamizan sus fronteras desde adentro. Somos autocríticos y disciplinados en nuestro actuar cuando la coyuntura lo requiere, por lo que a partir de ese punto de vista los respaldo y apoyo en lo que ustedes decidan.
No obstante, creo la coyuntura actual no se debe traducir desde un velo pasional promovido por la izquierda radical, sino se debe desagregar fríamente haciendo una lectura que se remonte a la historia para unir las piezas de acuerdo a distintos sucesos y actores. Igual que en el 94 y en el 2000, hoy los ánimos políticos están caldeados y la sociedad se politiza bajo una interpretación que no admite espacios intermedios; igual que en esas fechas, la diferenciación de los actores políticos y sus seguidores se tensa a tal grado que el bipolarismo ultraderecha-ultraizquierda arrasa con las posiciones democráticas de negociación y diálogo.
El ambiente de miedo promovido desde las altas esferas del poder y justificado desde la radicalización de algunos grupos, no ha servido sino para desdeñar los pocos espacios que la izquierda progresista ha venido construyendo con muchos años de lucha. Ya pusimos nuestros muertos, y a diferencia de lo que creen los radicales, no tenemos porque poner aún más.
Si leemos lo de Atenco haciendo la analogía con el movimiento de la UNAM, nos saltarán a la vista elementos que en lugar de recrear deberíamos de contener. En ambas expresiones sociales la desvirtuación de las demandas y de los móviles legítimos de la manifestación derivaron en una radicalización tal que se hizo legítimo el uso de la policía y de los excesos del estado. Nuevamente son visibles sus operadores políticos, mercenarios insertados en los movimientos sociales con el objetivo de golpear a sus bases y de desvirtuar sus demandas llevándolos al aislacionismo. Es claro, después de la UNAM el mismo grupo radical que se apoderó del movimiento se insertó como buró de asesores de una facción en Atenco; igual que en la UNAM coadyuvó para que esa facción hegemonizara el movimiento basándose en una retórica de radicalización; igual que en la UNAM dio argumentos a la derecha para reprimir e impedir cualquier organización de izquierda moderada o progresista.
Démonos cuenta que la coyuntura creada no es más que eso, algo creado por intereses muy claros para ellos, pero opacos y difusos para nosotros. La derecha se une y se disciplina ante los hechos, enfila a sus votantes con un discurso que privilegia el autoritarismo y el estado de derecho. No obstante, la izquierda se divide y se fragmenta, los posibles nuevos votantes –en su mayoría jóvenes- ya no votarán convencidos de un discurso que no cree en el cambio institucional, paulatino y moderado; hecho al que se le añade que la izquierda institucional se aleja de las organizaciones sociales que optan por estas vías para que no la vinculen con expresiones radicales. La izquierda está dividida y debilitada, la gente de centro se carga más hacia la derecha amedrentados por el discurso y actuar de los radicales, tienen miedo y el miedo les hace pedir más orden.
En su momento nosotros vivimos aquello, discerníamos de las posturas oficialistas de la autoridad, pero no teníamos espacios para defender nuestra posición desde adentro. Nos golpearon –literal- los de izquierda y los de derecha minimizando nuestro margen de acción y obligando a nuestro discurso ha asumir posiciones radicalizadas que se cargarán para uno u otro sentido, desplazando ese centro que entendíamos como diálogo y deliberación a espacios más institucionales y menos autónomos. Nunca defendimos nuestras ideas con los golpes, ni echando metralla, creímos en que el fortalecimiento de lo institucional apoyado en las mayorías nos daba fortaleces y argumentos para encarar a la autoridad y así lo hemos hecho.
Hoy nuevamente la UNAM se vuelve un atractivo espacio para la radicalización, se evocarán discursos en contra del estado y de sus instituciones, se llamará desde ahí a resistir con los medios que para ello convenga, y se justificarán, como antaño, los abusos que la misma izquierda comete contra los espacios democráticos. No se respetarán las voces que disciernan de la radicalidad, ni se optará por la creatividad para inventar nuevas formas de lucha. Tampoco –y tal vez eso es lo más grave- se admitirá la discusión y el debate que analice de fondo los verdaderos móviles, implicaciones y consecuencias de lo ocurrido en Atenco; es mas fácil descalificar que pensar, y por ello, es mejor quedarse en la superficialidad de la condena a los abusos policíacos (sin que le reste importancia a ello) que tratar de esgrimir argumentos para desenmascarar la verdadera intención de frenar a la izquierda reformista.
Finalmente y para no hacer de esto un discurso, les pediría su mesura y su análisis profundo. Ya hemos sido carne de cañón de intereses que muchas veces ni conocemos, y caer nuevamente en el error hablaría de gran torpeza. Alguna vez le hicimos el juego al PRD durante la huelga sin medir el grave daño que acarrearíamos a la organización estudiantil meses más tarde; hubo personas que hicieron de ello su trampolín político y ahora ocupan condescendientes espacios con la Rectoría, hubo otros que se apoderaron del movimiento y que lo utilizan día con día para impedir que surja algo nuevo; pero también, hay quienes dedican su pasión y su entusiasmo por hacer de la noble historia de la Universidad algo diferente, ahí estamos nosotros, ahí estaremos siempre.
Los saludo y comparto la alegría que me da saber que ocupan el espacio generacional que hemos dejado. Aprendan de nosotros y no repitan una historia cegeachera que ha llevado a la UNAM a tanta involución política y organizacional.
Miguel Leal